Of Juvenile Pranks and Insurrections

(Vea la versión en español a continuación.

By Dr CINTLI

Something is rotten in DC., particularly the nation’s judicial system, and more specifically, the US Supreme Court.

This is absolutely about that conversation people are having about the Orange Madman’s inspired Jan. 6 insurrection. This includes the recent damning Senate report that incontrovertibly found that the ex-president illegally attempted to subvert the 2020 election.

The right wing speaks as though nothing criminal happened; that Jan. 6 was a normal tourist visit by patriotic American citizens, exercising their Constitutional right to protest and peaceably assemble. They have been doing this while lionizing those that got arrested as “political prisoners.” All of it is farce, though tragi-comic is perhaps a better description, as their mentally diminished “dear leader” keeps raking in the dough from his willing followers.

The political class speaks of it as if it was but a protest-rally-riot that got slightly out of hand. And they speak of it as if it were in the past tense. Actually, it is not they that are speaking that way, but rather the actions of the prosecutors that are unambiguously communicating that message: They were mostly overzealous protestors, following their leader, not anti-American “revolutionaries.” Translation: good ol’ American boys.

The prosecutors are intent on securing low level convictions via plea bargains that are serving to minimize and even invisibilize from the official record of what actually took place that day, in what ws an outright attempt to derail the official certification of the election. Worse, it is actually still taking place right before our very eyes. Instead of dealing with it as such, it is being treated akin to fraternity pranks gone awry, with unfounded challenges to the 2020 election continuing to this day. The plea bargains, which have been reduced to barely misdemeanors, have resulted in no jail or prison time for the majority of these criminal insurrectionists. To be remembered is that the insurrectionists, virtually all of them white, were not apprehended that day.

That reinforces why many people do not believe in the fairness of the nation’s systems of law; whether it is law enforcement agencies, the judicial or the prison system.

There are lots of reasons why people hold these views, including after the country witnessed:

• Dylan Roof killing nine African American parishioners in Charleston, North Carolina in 2015, and then actually being treated to a free Burger King meal by law enforcement.

• Patrick Crusius shooting and killing 23 people and injuring 23 others, in El Paso, Texas in 2019, and then being arrested without incident.

• Kyle Rittenhouse shooting two protestors in Kenosha, Wisconsin in 2020, then walking right past officers unmolested.

In contrast, how many killings do we know of, involving people of color who within seconds are killed by law enforcement officers, for doing nothing except being Red-Black-Brown? It is not a small number. Think 12-year-old Tamir Rice with a toy rifle killed in Cleveland in 2014. Think 72-year old Francisco Serna, killed in Bakersfield Calif, in 2016, with crucifix in hand. We are actually talking in themany hundreds. Thousands really, if we count all those killed since Michael Brown in Ferguson, Missouri, in 2014.

Pretty much, all these killings come with impunity.

This while we are witnessing extremists that went to stop Congress from exercising their Constitutional duties, being treated with fraternity kid gloves at best. Had they been POCs, there is little doubt that we would have witnessed a modern-day massacre and minimally, mass beatings and arrests.

This as we see the Supreme Court dominated by extreme conservatives, the majority of whom were appointed by conservative presidents, resulting in a body that does not reflect the US population at large and who seem intent on turning back the clock to the 19th century. Several of the members are on the court, only as a result of Sen. Mitch McConnell’s shenanigans. Their function appears to be to uphold a misogynistic, white supremacist order, rolling back human rights, the rights of the disabled, Indigenous rights, the rights of people of color, and the rights of workers, women and LBGT peoples, resulting in judicial apartheid.

Conventional wisdom tells us that the Supremes have stopped functioning as the arbiter of justice, and instead are now but a tool of the Republican presidents that appointed them to their life-time positions. Something is fundamentally wrong when a minority is able to impose itself upon the majority, resulting in political apartheid.

But that is the least of it. This is what will insure a racial apartheid-style government. Arguably, we are there already. Or very close, especially if the former president were to again take the reigns of power.

Ominously, there appears to be a good-sized part of the population who would not oppose that as they seem to yearn for autocracy-dictatorship, and mediocrity.

Roberto Dr. Cintli Rodriguez is an associate professor emeritus at the University of Arizona Mexican American Studies and is the author of several books, including “Our Sacred Maiz is Our Mother” (2014), “Yolqui: A Warrior Summoned from the Spirit World” (2019) and “Writing 50 years Amongst the Gringos,” published recently by Aztlan Libre Press. Email XColumn@gmail.com.

De travesuras e insurrecciones juveniles

Por el Dr. CINTLI

Algo está podrido en Washington DC., Particularmente el sistema judicial de la nación, y más específicamente, la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Se trata absolutamente de la conversación que la gente está teniendo sobre la insurrección del 6 de enero inspirada por el loco anaranjado. Esto incluye el reciente informe condenatorio del Senado que, de manera incontrovertible, encontró que el ex presidente intentó ilegalmente subvertir las elecciones de 2020.

La derecha habla como si no hubiera pasado nada criminal; que solo fue una visita turística normal de ciudadanos estadounidenses patriotas, ejerciendo su derecho constitucional de protestar y reunirse pacíficamente. Han estado haciendo esto mientras alaban a los que fueron arrestados como “prisioneros políticos”. Todo es una farsa; aunque tragicómico es quizás una mejor descripción como su “querido líder” mentalmente disminuido, sigue recogiendo la masa de sus seguidores dispuestos.

La clase política habla de ello como si no fuera más que un motín de protesta que se salió un poco fuera de control. Y hablan de ello como si estuviera en tiempo pasado. En realidad, no son ellos los que están hablando de esa manera, sino más bien las acciones de los fiscales judiciales que están comunicando inequívocamente ese mensaje: en su mayoría eran manifestantes demasiado entusiastas, siguiendo a su líder, no “revolucionarios” antiamericanos. Traducción: buenos chicos americanos.

Los fiscales tienen la intención de asegurar condenas de bajo nivel a través de acuerdos de culpabilidad que sirven para minimizar e incluso invisibilizar del registro oficial de lo que realmente sucedió ese día; un intento rotundo de descarrilar la certificación oficial de la elección. Peor aún, en realidad todavía está sucediendo ante nuestros ojos. En lugar de tratarlo como tal, se trata como si fueran bromas de fraternidad que salieron mal, con desafíos infundados para las elecciones de 2020 que continúan hasta el día de hoy. Los acuerdos con la fiscalía, que se han reducido a apenas delitos menores, no han dado lugar a que la mayoría de estos criminales insurrectos no tengan encarcelamiento ni tiempo de prisión. Cabe recordar que los insurrectos, prácticamente todos blancos, no fueron aprehendidos ese día.

Eso refuerza por qué mucha gente no cree en la equidad de los sistemas jurídicos de la nación; si se trata de organismos encargados de hacer cumplir la ley, el sistema judicial o el sistema penitenciario.

Hay muchas razones por las que la gente tiene estos puntos de vista, incluso después de que el país fue testigo:

* Dylan Roof mató a 9 afroamericanos en Charleston, Carolina del Norte en 2015, y luego la policía le ofreció una comida Burger King gratis.

* Patrick Crusius disparó y mató a 23 personas e hirió a otras 23, en El Paso, Texas en 2019, y luego fue arrestado sin incidentes.

Kyle Rittenhouse disparó contra 2 manifestantes en Kenosha, Wisconsin en 2020, y luego pasó junto a los oficiales sin ser molestado.

En contraste, ¿cuántos asesinatos conocemos, que involucran a personas de color que en segundos son asesinadas por agentes de la ley, por no hacer nada más que ser Indijena, Afroamericano o de la Raza? No es un número pequeño. Piense en Tamir Rice, de 12 años, con un rifle de juguete, asesinado en Cleveland en 2014. Piense en Francisco Serna, de 72 años, asesinado en Bakersfield California, en 2016, con un crucifijo en la mano. En realidad, estamos hablando de muchos cientos. En realidad, miles, si contamos a todos los muertos desde Michael Brown en Ferguson, Missouri, en 2014.

Prácticamente, todos estos asesinatos se producen con impunidad.

Esto mientras somos testigos de extremistas que fueron a impedir que el Congreso ejerciera sus deberes constitucionales, siendo tratados en el mejor de los casos con guantes de fraternidad. Si hubieran sido personas de color, hay pocas dudas de que hubiéramos sido testigos de una masacre moderna y, mínimamente, de palizas y arrestos masivos.

Esto como vemos a la Corte Suprema dominada por conservadores extremos, la mayoría de los cuales fueron nombrados por presidentes conservadores, lo que resultó en un organismo que no refleja a la población estadounidense en general y que parecen decididos a retroceder el reloj hasta el siglo XIX. Varios de los miembros están en el Corte Supremo, solo como resultado de las travesuras del senador Mitch McConnell. Su función parece ser de defender un orden supremacista blanco misógino, haciendo retroceder los derechos humanos, los derechos de los discapacitados, los derechos Indigenas, los derechos de las personas de color y los derechos de los trabajadores, las mujeres y los pueblos LBGT, lo que resulta en un apartheid judicial.

La sabiduría convencional nos dice que Los miembros del Corte Supremo, han dejado de funcionar como árbitros de la justicia y, en cambio, ahora son solo una herramienta de los presidentes republicanos que los designaron para sus cargos de por vida. Algo está fundamentalmente mal cuando una minoría puede imponerse a la mayoría, lo que resulta en un apartheid político.

Pero eso es lo de menos. Esto es lo que asegurará un gobierno al estilo del apartheid racial. Podría decirse que ya estamos allí. O muy cerca, sobre todo si el expresidente volviera a tomar las riendas del poder.

Siniestramente, parece haber una gran parte de la población que no se opondría a eso, ya que parece anhelar la autocracia-dictadura y la mediocridad.

Roberto Dr. Cintli Rodríguez es profesor asociado emérito en la Universidad de Arizona y es autor de varios libros, incluido “Yolqui: un guerrero convocado desde el mundo espiritual.” También dirige el Raza Killings Database Project: Xcolumn@gmail.com

From The Progressive Populist, November 1, 2021


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